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La ciencia de la pista

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35. Por qué la gente joven no baila

26/07/2026
35. Por qué la gente joven no baila

Se han dado muchas explicaciones por redes sociales de por qué la gente joven no baila (y podemos añadir “por qué la gente joven consume menos”), pero después de este manual, nosotros ya sabemos el por qué, ¿verdad? Vamos a enumerar algunas razones de por qué podría ser que la gente joven no baile en entornos de fiesta, evento musical, celebración, fiesta patronal, etc:

  • Por el miedo a que te graben y hacer el ridículo en redes. La gente no baila porque ahora cualquiera te puede grabar en cualquier momento con cualquier móvil, con lo cual, si estás bailando, si no lo haces bien, estás haciendo el ridículo, y si alguien te graba te expones al escarnio público en redes, y por lo tanto, a una vergüenza insoportable que podría destruir tu vida social.
    No, porque el mismo público sí baila cuando la música realmente invita al movimiento. Basta observar festivales o eventos donde predominan estilos más orientados al baile (por ejemplo, dance, house o EDM) para comprobar que miles de jóvenes siguen moviendo los pies, levantando las manos o saltando, aun sabiendo perfectamente que están siendo grabados por cientos de teléfonos móviles. Si el problema fueran las cámaras, tampoco bailarían allí. Con otra música con un ritmo más rápido (125-135 BPM) sí bailan, o al menos demuestran que les gusta la música con (al menos) leves movimientos de pies y/o cabeza, y con eso a los DJs nos vale.
  • Porque los jóvenes ya no saben divertirse: Otra explicación muy habitual es que las nuevas generaciones son más tímidas, más inseguras o menos sociables que las anteriores. Sin embargo, basta con observar conciertos, festivales o cualquier evento donde la música realmente invite al movimiento para comprobar que miles de jóvenes siguen bailando, saltando y disfrutando sin ningún problema. Sin cambiar el público, basta cambiar la música para que cambie también su comportamiento.
  • Porque están todo el mundo mirando el móvil (o grabando con él): Es cierto que hoy utilizamos el teléfono mucho más que hace veinte años, pero el móvil no impide bailar. Todos hemos visto a personas grabando un vídeo, levantando el brazo con el teléfono y, al mismo tiempo, cantando, saltando o moviéndose al ritmo de la música. El móvil puede distraer unos segundos, pero difícilmente explica por qué una pista permanece inmóvil durante horas mientras otras, con el mismo tipo de público y los mismos teléfonos móviles, permanecen llenas.

Todas estas explicaciones pueden influir en mayor o menor medida, pero después de todo lo que hemos visto en este libro, la respuesta parece bastante más sencilla: la gente baila cuando la música invita a bailar y deja de hacerlo cuando deja de invitar al movimiento. Si durante demasiado tiempo predominan canciones pensadas para cantar, escuchar o simplemente seguir la moda, la energía de la pista termina desapareciendo.

No es que los jóvenes hayan olvidado bailar. Es que, en muchos eventos, hace tiempo que dejaron de ponerles música pensada para hacerlo.

Y cuando el problema se atribuye a los móviles, a las redes sociales, a la vergüenza o a que "los jóvenes han cambiado", dejamos de mirar hacia donde probablemente deberíamos mirar primero: la música. Si confundimos el diagnóstico, también nos equivocaremos con la solución.

¿Cuál es entonces la solución? No consiste en prohibir unos estilos musicales ni en poner únicamente música electrónica. Consiste en volver a entender cuál es la función de cada canción. Hay música para escuchar, música para cantar y música para bailar. Cuando un DJ confunde esos conceptos y llena una sesión de canciones pensadas principalmente para ser escuchadas o cantadas, la curva de energía cae, la pista pierde movimiento, se hunde la fiesta. En cambio, cuando la programación recupera el protagonismo de la música que invita al baile, el público vuelve a responder de forma natural.

No dejemos que las listas de reproducción, Spotify o la industria decidan qué debe sonar en una fiesta. Debe sonar aquello que haga bailar a ese público. Una canción no debería entrar en una sesión porque sea la más reproducida en Spotify o la más escuchada en TikTok, sino porque ayuda a mantener la energía del público. La función del DJ siempre ha sido seleccionar la música adecuada para cada momento, no limitarse a reproducir la música que está de moda.

Habrá alguien que diga: “ya, pero nosotros no podemos hacer lo mismo que en Ibiza o Tomorrowland porque no tenemos la misma capacidad de producción ni, sobre todo, los mismos DJs capaces de hacer esas cosas con la música”… Bueno…. ¿se lo decís vosotros o se lo digo yo? Sí, cualquiera que se considere DJ podrá hacer bailar a la gente como lo hacen en esos sitios. Cambiará la infraestructura monumental de decoración, iluminación y sonido ensordecedor, pero si la música invita a bailar, la gente bailará parecido con y sin cientos de miles de euros en producción. Ahora bien, ¿tenemos un DJ o tenemos alguien que pone música en redes sociales con muchos seguidores?

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